Newsletter: ¿cuántas veces comer al día?

Una de las preguntas que más surge es la de cuántas veces tiene uno que comer al día. Si 3 (desayuno, comida, cena), o 5 (incluyendo media mañana y merienda). Y la respuesta es: comed el número de veces que os de la real gana. (En serio.)

No, no le va a pasar nada a vuestro metabolismo. Va a trabajar igual de rápido tanto si os coméis las 2000kcal en 6 comidas como si os las coméis en 1 comida (aunque en una comida necesitaríais comer algo más dado que el aprovechamiento podría ser menor por la cantidad de comida ingerida en una sentada). Tanto para bien como para mal nuestro metabolismo sigue estando en las cuevas, y la noción de que es necesario comer varias veces al día para que el metabolismo no entre en lock-down y modo reserva es falsa. Hay diversos esquemas nutricionales en los que se come 1 vez al día o en una pequeña ventana de 4 horas y sus resultados metabólicos son incluso mejores que los de la dieta tradicional (pero tampoco tan extraordinarios como para que todos pasemos a comer así, y las mejoras tienen que ver precisamente con que juegan con las reacciones fisiológicas a esos “largos” periodos sin comida). Uno de los posibles orígenes de esta recomendación tiene que ver con la incorrecta interpretación de muchísimos estudios nutricionales, en los que se encontraba correlación entre no desayunar  (una de las causas más habituales) y determinados problemas, pero la causa tenía que ver con los estilos de vida del grupo que no desayunaba y no con el desayuno en sí mismo.

Se puede, sin embargo, sugerir que comer más veces al día puede ser ventajoso en una profesión como la de la consultoría por una curiosa razón: comer (en concreto, parece que algo de glucosa) recarga lo que se llama “fatiga de tomar decisiones”, y por lo tanto algo tan sencillo como comerse un par de galletas (integrales sirve, no hace falta que sumerjáis en nutella una galleta príncipe), un descafeinado con leche, o similar puede ser muy útil de cara a tener un pequeño ‘reset’ en nuestra capacidad para tomar decisiones sin elegir automáticamente lo más fácil/obvio. Además, si eliges comer menos veces al día pero luego llegas a cada comida muerto de hambre, es más fácil que acabes comiendo de más que si lo repartes entre varias y llevas menos apetito… aunque por otro lado si eliges comer más veces al día puede que acabes comiendo de más simplemente por gula o por “tenerlo delante” que por hambre. Aquí cada uno tiene que conocerse a sí mismo para saber qué elegir, y sobre todo saber cómo ser adaptable sin caer en el “todos los días son excepción” 🙂

Otra parte bastante relevante de la dieta es cómo nos sienta. Por ejemplo, el típico desayuno que incluye leche y cereales azucarados supone un buen chute de glucosa para el cerebro “para empezar bien el día”. La parte mala es que entre la leche y todos esos hidratos, está casi garantizado que nos va a entrar sueño después de desayunar. ¿Cómo evitarlo? Tan sencillo como asegurarnos de que incluimos proteínas [jamón york, pavo, etc.] en nuestro desayuno, sustituyendo una parte de los hidratos.

Esta es una “receta” que aplica a todas las comidas del día: una comida especialmente rica en hidratos (un plato de pasta, de arroz…) es la que más probabilidades -y si también es rica en grasas, todavía más- tiene de generarnos sueño después de comer. En ese sentido la ventaja de comer más verduras y carnes magras en la comida no es sólo que pueda ser más sana nutricionalmente hablando, sino que puede evitarnos un sufrimiento innecesario en las horas posteriores. Por lo tanto, si eres de los que escucha los susurros de Morfeo a eso de las 15h, quizá sea interesante experimentar con lo que comes…

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