¿Genio?

[English version here.]


Estuve el día 26 de Agosto en el concierto que dio en Cádiz el gran violinista Ara Malikian.  Un espectáculo increíble, y tras haberle visto en directo por tercera vez, recomiendo a todos los que me leéis que, si tenéis la oportunidad, no os lo perdáis.

Durante el concierto tocó una pieza compuesta por Pablo Sarasate, otro de los grandes violinistas de la historia -y además compatriota nuestro-, y recordé una cita suya: “He practicado 14 horas diarias durante 37 años, ¡y ahora me llaman genio!”

Y esa cita me hizo recordar otra de Mozart, similar: “Es un error creer que la práctica de mi arte me vino dada fácilmente. Te aseguro, querido amigo, que nadie se ha preocupado tanto como yo por el estudio de la composición. No debe quedar ningún maestro de la música cuyos trabajos no haya estudiado diligente y frecuentemente.”

Muchos de nosotros miramos a los más grandes de la historia, o a los más grandes del momento, como si les hubiera bendecido el propio Zeus (vaya usted a saber quién está a cargo de eso allá arriba) y les hubiera caído del cielo su don y todo lo que han conseguido, envuelto en papel de oro y con fanfarrias sonando. Y desde luego que nadie pone en duda que un factor clave para llegar a ser el más grande, o para ganarse un sitio entre los más grandes, es necesario tener una pizca de genialidad y de talento que no está disponible para el común de los mortales…

…pero creo que continuamente utilizamos esa excusa para darnos una palmadita en la espalda y conformarnos con mucho menos de lo que somos capaces.

Nos autoexcusamos antes de empezar.
Así, si perdemos, la derrota duele menos.

Pero olvidamos que incluso nuestros ídolos, incluso los más grandes de la historia… trabajaron incansablemente durante muchísimos años para llegar a ser quienes fueron, y que nada les cayó del cielo. Y especialmente nos olvidamos de que muchos de ellos trabajaron y entrenaron más que nadie “a pesar de” tener el increíble talento que envidiamos.

¿Y si, en lugar de autoexcusarte… entraras a pecho descubierto? ¿Y si, en vez de meter un pie en el agua por miedo a los tiburones… lo dieras todo y entraras de cabeza ¿Y si tú también practicaras 14 horas al día durante 37 años?

Yo no pretendo engañarte. El fracaso existe. La mala suerte también -por mucho que sea romántico pensar que no, el azar es parte de todo-. Y desde luego podrías tirarte de cabeza y fracasar. Darlo todo, y morder el polvo. Y la hostia duele. Pero conozco a muy poca gente que de verdad lo diera todo, fracasara, y se arrepienta de haberlo intentado hasta el final.

Dijo Vince Lombardi: “Creo firmemente que el mejor momento de cualquier hombre, ese que atesora con la mayor satisfacción de todos aquellos que guarda en su corazón, es ese momento en que se dejó la piel y el corazón en una buena causa y yace exhausto en el campo de batalla – victorioso.”  Desafortunadamente no se puede llegar a ese momento sin arriesgarse a ser el derrotado.

Nos encanta pensar ¿Y si…?, e imaginarnos todas las cosas malas que podrían pasarnos. Todas las maneras en que podríamos fracasar. Lo que pensarían de nosotros un montón de personas que en realidad no nos importan, y lo que pensarían las que de verdad importan -aunque jamás acertemos lo que pensarían éstas últimas-. Pero pocas veces nos paramos a pensar lo contrario.

¿Y si lo consigues?

¿Y si dejas de poner excusas y le enseñas al mundo quién eres de verdad, y de cuánto eres realmente capaz?¿Y si en lugar de encogerte y hacerte pequeñito porque ahí fuera hay otros con más talento y que trabajan más… trabajaras como si tú fueras uno de esos tocados por los dioses?

Igual resulta que lo eres.

Pero… ¿Estás dispuesto a averiguarlo?


Una última cita, de regalo. De Calvin Coolidge: “Nada en este mundo puede sustituir a la persistencia. El talento no puede; pocas cosas son más comunes que los fracasados con talento. El genio, tampoco; el genio sin recompensa es casi un proverbio. Ni siquiera la educación; el mundo está lleno de negligentes bien educados. La persistencia y la determinación son las únicas virtudes omnipotentes.”

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